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EL PROGRAMA DE RELIGIÓ DE MATADEPERA RÀDIO
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Se despide un genio...
Gabriel García Márquez se ha retirado de la vida pública por razones de salud: cáncer linfático. Ha enviado una carta de despedida a sus amigos, y gracias al Internet está siendo difundida. "Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate. Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos. Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña,
sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la
escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con
su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo
tiene atrapado siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho
a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas
cosas las que he podido aprender de ustedes... pero realmente de mucho
no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.
FLORENCIA, 24 nov (ZENIT.org).- Los obispos de la Conferencia Episcopal Toscana acaban de publicar un auténtico decálogo contra la pena de muerte, en el que consideran «inaceptables tanto en el plano moral como en el jurídico todas las razones que han mantenido la pena de muerte y que todavía en muchos países de la tierra son adoptadas para justificarla». El 30 de noviembre de 1786, el Gran Ducado de Toscana fue el primer estado del mundo que abolió la pena de muerte. Dos siglos después, los presidentes del Consejo y Junta de la región han decidido transformar el aniversario en la «Fiesta de Toscana». Los 19 firmantes del documento (18 obispos además del abad de Monte Oliveto Maggiore) no ocultan el hecho de que sobre la pena de muerte hay quien, incluso dentro de la comunidad cristiana, más o menos explícitamente se declara posibilista. A estas personas, los obispos de esta provincia foco de referencia del arte y del humanismo europeo, recuerdan que «el cristiano, por muy ofendido que pueda sentirse, no podrá nunca pedir la muerte para quien ha matado». Podrá en cambio «desear y también pedir a la autoridad pública una justa pena para quien se hace culpable de un reato, pero tal pena, para ser justa verdaderamente, no deberá nunca violar los derechos esenciales del reo, que sigue siendo una persona humana y que, en todo caso, tiene derecho a la supervivencia, con la esperanza de un futuro humanamente aceptable en el que sea capaz de resarcir al menos en parte el mal cometido». La pena de muerte, añade el documento, tiene sólo un «carácter vengativo», «es la única pena irreversible y no parece en ningún modo justificable». «No es un elemento de disuasión», continúan diciendo, al contrario «algunos estudios comparados revelan que tal pena parece constituir una incitación al homicidio, en cuanto que un Estado homicida puede constituir una justificación del homicidio privado». Pero los obispos toscanos van más allá afirmando que «la pena de muerte no es en sí una pena: es pena, en cambio, el período angustioso en el que el presunto reo espera la ejecución y a menudo también la macabra puesta en escena que la caracteriza; pocas otras realidades son tan inhumanas y deshumanizantes tanto para quien las sufre como para quien asiste a ellas». Por último, en sintonía con el «mea culpa» del Papa, los obispos toscanos admiten que «en los siglos pasados la Iglesia se ha encontrado a menudo ejerciendo un poder temporal, dejándose también implicar en una lógica social y jurídica tal vez en contraste con la letra y el espíritu del Evangelio». «Por este motivo, el Santo Padre ha pedido solemnemente perdón
en el curso del actual Jubileo, y nosotros obispos de Toscana queremos
asociarnos a esta petición de perdón, en la esperanza de
que el próximo milenio pueda ver nuevas metas para una cada vez
más auténtica convivencia humana», concluyen.
Joan Pau II va publicar el 25 de Novembre el seu missatge amb motiu de la Jornada Mundial d'Oració per les Vocacions, que tindrà lloc el proper 6 de maig del 2001. Convido a tots a implorar amb mi al Senyor, perquè no faltin obrers als seus camps: Pare sant: font perenne de l'existència i de l'amor,
Senyor Jesús, que en el teu pelegrinatge pels camins de Palestina,
Esperit Sant: que santifiques l'Església
Verge Santíssima, que sense dubtar
IOANNES PAULUS II
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